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Reportaje Especial

Debate sobre la Salud Pública en Estados Unidos


La propuesta del presidente Barack Obama de reformar el actual sistema de salud de Estados Unidos ha generado un fuerte debate en el país. En la actualiad, 47 millones de personas carecen de seguro médico, las pólizas de estos seguros aumentan cada vez más, los fraudes y los errores administrativos cuestan a los seguros públicos del Medicare y Medicaid 12 mil 300 millones de dólares al año, los médicos trabajan bajo la presión de ser blanco de demandas por negligencia. Además, las compañías innovadoras se quejan de que la burocracia y el costo de conseguir la aprobación de nuevos productos y medicinas encarece todo el proceso. Muchos creen que el sistema está en ruinas. Y todo esto a pesar de que Estados Unidos es el país que más dinero invierte en salud en todo el mundo, y el único que ha ganado 87 premios Nobel de Medicina. Vea también gran cantidad de datos y anécdotas que giran alrededor del debate sobre la reforma de salud.





¿Por Qué una Reforma de Salud en EE.UU.?

Un gran debate se abrió en Estados Unidos con la inauguración, el 5 de marzo de 2009, de una cumbre sobre salud pública encabezada por el propio presidente Barack Obama, en la Casa Blanca. El mandatario se ha comprometido a implementar una gigantesca reforma de salud con la frase de que reparar el sistema sanitario del país más poderoso del mundo "ya no es sólo un imperativo moral, sino un imperativo fiscal".

En estos momentos, Estados Unidos es el país que más dinero per capita invierte en la salud de sus habitantes en todo el mundo, un total de dos millones de millones 300 mil millones de dólares ($2.3 trillion, en inglés), cifra igual al 16 por ciento del Producto Interno Bruto de la nación. Sin embargo, los estadounidenses no viven una vida más larga ni más saludable que los habitantes de otras naciones. Además, hay 46 millones de norteamericanos sin seguro médico.

Para poner un ejemplo muy cercano, los canadienses disfrutan de una expectativa de vida de 82 años, y de una expectativa de vida saludable de 76 años. En cambio, los estadounidenses tienen una expectativa de vida de 76 años, y una expectativa de vida saludable de 72. El sistema de salud de Canadá es administrado por el estado, al igual que el de Gran Bretaña, Alemania y otros países desarrollados con altísimos niveles sanitarios. Nadie diría en esos países que su sistema de salud es socialista, mucho menos comunista. Canadá, Gran Bretaña y Alemania tienen esquemas ultracapitalistas de vida. Estados Unidos, por el contrario, es el único país industrializado que no tiene un sistema universal de salud pública. Eso sí, muchos habitantes de esos otros países se quejan de que deben esperar meses por un examen médico, que en Estados Unidos se hace en cuestión de días, y de que no pueden hacer una cita con un especialista en un tiempo razonable. Y, de esa manera, las preguntas y las respuestas sobre la salud pública se enredan en los laberintos de este debate que se desarrolla no sólo en Washington si no en todo el país.

Pero seamos realistas, para que el debate sea efectivo, se debe ir mucho más allá de las ideologías y de los intereses especiales. El sentido común y no la política ni el afán de lucro, debe primar.

Hay algo, sin embargo, que no está a debate, de lo cual nadie habla. Se podría resolver con una pregunta simple. Si Estados Unidos es el país más proempresarial del mundo, ¿por qué el estado y la sociedad obligan a las empresas a financiar la pesada carga de la salud pública? En este país, el sistema sanitario recae fundamentalmente sobre los hombros de las compañías privadas, que son las que compran seguros médicos para proteger a sus empleados. ¿Es eso justo? ¿Es correcto? Todo lo que sabemos es que se trata de algo heredado de los días de la esclavitud, época en que los amos eran responsables de la salud, la comida, el hospedaje, los aperos de labranza y la ropa de los esclavos. En la era moderna, para el gobierno y el resto de la sociedad, preservar esa tradición ha sido algo muy cómodo. Si bien es cierto que las empresas tienen derecho a hacer fuertes deducciones de impuestos por esa carga, y otras, nada indica que este sea el sistema apropiado. Simplemente, ha estado ahí, de esa forma, durante unos 150 años. Ya sabemos que Estados Unidos es muy rápido para algunas cosas, y muy lento para otras.

Ojo, para los trabajadores la protección con el sistema actual, no es del todo gratis. La inmensa mayoría debe pagar una prima mensual, tomada de sus pagos semanales o quincenales, hacer ciertos desembolsos al visitar a médicos generales y especialistas, y cubrir una deducción anual acumulativa o pagar un porcentaje de los gastos totales cada año. Alguien que conozco, con muy buen seguro médico, sufrió la experiencia de que una hija debió someterse a una cirugía ortopédica que costó 136 mil dólares. El seguro cubrió el 90 por ciento de la operación, y el asegurado el 10 por ciento. Lo que pasa es que el 10 por ciento de 136 mil es 13 mil 600 dólares. Algunas aseguradoras todavía cubren solamente el 80 por ciento de los gastos, y los asegurados el 20. Aun así, las compañías de seguro elevan las primas constantemente o niegan protección a clientes que presentan las muy controversiales condiciones de salud preexistentes, es decir enfermedades peligrosas que tienen tratamientos costosos.

Las aseguradoras se defienden con argumentos también reales. Para cubrir a sus clientes, tienen que hacer frente a gastos enormes de consultas médicas, exámenes, hospitalizaciones y tratamientos, y a fraudes que contaminan el sistema, inclusive de ciertos médicos, dentistas y otros profesionales de la salud que facturan servicios que no han brindado realmente. Los médicos, a su vez, se quejan de que cada vez son más caros los seguros que los protegen de negligencia médica, y cada día es más costoso cubrir los gastos de funcionamiento de una pequeña clínica o de un gran hospital, entre otras cosas porque atienden a muchos ancianos y niños protegidos por el gobierno, y el gobierno estableció tarifas de pagos por servicios que los médicos califican de miserables.

Mi vecina inmediata desarrolló una enfermedad cardiovascular luego de una prolongada depresión. Apenas puede respirar por sí sola. Su médico consiguió el mejor medicamento disponible en el mercado, que no está en Los Angeles, donde ella vive, sino en Chicago. Son unas pastillas que cuestan tres mil 300 dólares al mes. Por suerte, el Medicare y una fundación no lucrativa cubrieron la mayor parte del tratamiento. Al final, el espectacular medicamento no la ayudó.

Por casos como éste, muchas críticas van directamente al corazón de la industria farmacéutica estadounidense, que produce las medicinas más costosas del universo. Esta se defiende señalando que sólo así es posible financiar el número de investigaciones y la creación de nuevos medicamentos, al trepidante ritmo que lo hace Estados Unidos. Los críticos de la industria devuelven el golpe con una pregunta: ¿es realmente necesario ese ritmo de investigaciones y nuevos medicamentos, o se trata sólo de una manera de ganar más dinero, que ha metido al país en una espiral incosteable de sus servicios médicos?

El plan de Obama para la reforma de salud costará a los contribuyentes 634 mil millones de dólares que se colocarán en un fondo de reserva, para operar durante los próximos 10 años. En la era supercapitalista y proempresarial del presidente George W. Bush, el gobierno dedicó tan sólo en 2008 poco más de 698 mil millones de dólares a la salud, un aumento de 28 mil millones de dólares con respecto a 2007. Este dinero gubernamental se usa, básicamente, para atender a la población de bajos recursos, financiar investigaciones y modernizar el sistema de seguros médicos públicos Medicaid y Medicare, que cubren los gastos de los pobres y de los retirados. Obama trabajará este año con un presupuesto de salud dejado por Bush, por lo menos en teoría, que supera los 700 mil millones de dólares.

Otra verdad incuestionable es que si bien los sistemas de rescate y primeros auxilios de Estados Unidos, son posiblemente los más competitivos del mundo, el enfermo, que es la clave del sistema, está todavía metido en la misma bolsa en la que podemos encontrar un Ford Explorer o una computadora Dell. Si no es una mercancía más, sujeta a la oferta y la demanda, está muy cerca de serlo, aun cuando esté muy bien cuidado, a veces costosamente atendido. Esta reforma de salud que se pretende hacer, debe colocar al enfermo en su justa dimensión humana. A partir de ese principio, es que debe comenzar el debate.


(Hernández Cuéllar es director y editor de Contacto Magazine, revista que fundó en julio de 1994 en Los Angeles, California. Ha sido además redactor de la agencia EFE en La Habana, Cuba, San José, Costa Rica, y Los Angeles, California, así como editor metropolitano del diario La Opinión de Los Angeles e instructor de periodismo de la Universidad de California en Los Angeles, UCLA --- Biografía).

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